Marcando Distancia con la ‘Nueva Era’: Un Texto sobre la Creación de la Propia Realidad

Se llama New Age (Nueva Era) a un movimiento enfocado en espiritualidad que surgió principalmente en Estados Unidos (y otros países occidentales) hacia las décadas de 1960 y 1970. Dicho movimiento recuperaba muchas ideas consideradas válidas en el paradigma cosmológico que hemos venido presentando hasta ahora, pero lo hacía con varios problemas:

  • Presentación de una visión idílica de la realidad: Solo hay que pensar en lo positivo para que tu vida sea positiva
  • Un enfoque individualista del cambio (aunque cada quien es responsable de su cambio, este cambio tiene sentido en el servicio a los demás)
  • Una simplificación y vilificación de los significados de los cambios (por ejemplo, utilizar la ley de la atracción para conseguir cualquier resultado frívolo y egoísta)
  • Una decontextualización y banalización de ideas complejas: Por ejemplo, la construcción de la propia realidad como algo ‘divertido’

Actualmente se sostiene que el desarrollo de la Nueva Era, en medio de los cambios de las décadas de los sesentas y setentas, fue resultado de ingeniería social del sistema de control, anticipando el cambio cósmico/energético que estamos viviendo ahora, con la intención de neutralizarlo, tornándolo infantil y políticamente inofensivo (por ejemplo, ¿para qué pensar en la negatividad del mundo?).

Aunque no es tan sencillo separar un paradigma restrictivo ‘New Age’ de uno más integrador (“Age of Light”, o “Edad de la Luz”, como propuso Jennifer Hoffman) podríamos decir que el primero persiste pero está circunscrito a círculos más comerciales y masivos, y no se asocia con la idea del despertar de la conciencia, mientras que el llamado ‘despertar’ involucra un interés por conocer ‘la verdad’.

Este articulo de Jack Adam Weber en Stillness in the Storm, también disponible en YouTube, nos lleva a analizar críticamente una cuasi-dogma de la Nueva Era, el de que nosotros creamos la realidad, como para interpretarlo en su justa medida. Aquí la traducción de su parte final:

En resumen, no es cierto que creemos enteramente nuestras propias realidades y, hasta cierto punto, somos responsables de cómo se sienten los demás en respuesta a nuestras acciones. Creer lo contrario lleva fácilmente a más vergüenza, culpa, autodeflación y violencia.

Sin embargo, practicamos cómo respondemos a las situaciones. Una forma en que podemos responder es a través de nuestras acciones. Esto permite que nuestra fisiología se calme, lo que a su vez ayuda a cambiar nuestro pensamiento y evita que empeoremos la situación. Podemos, por ejemplo, elegir alejarnos de una discusión en la que ya no estamos pensando con claridad. Otra es respirar profundamente para reducir los flujos de adrenalina de la ira, la ansiedad y el miedo.

Las creencias crean acciones, que crean efectos en nuestro mundo e influyen en cómo nos sentimos acerca de nosotros mismos, todo lo cual crea reacciones hacia nosotros. Examinar nuestras creencias y darnos cuenta de las asociaciones dolorosas que tenemos con ellas puede ayudarnos a simplificar este aprendizaje. Si no podemos enfrentar nuestro dolor, no podemos profundizar y encontrar más integridad. En cambio, tendemos a desarrollar creencias defensivas compensatorias, que nos alejan más aún de la verdad de referencia, creando más confusión sobre una base de falsedad ya de por sí problemática.

Quizás es el miedo colectivo de la humanidad a sentir dolor emocional, y nuestra falta de apoyo interconectado para aceptar estas realidades difíciles, lo que nos ha llevado a un sistema igualmente complejo de defensas y a la violencia resultante sobre los demás y sobre la Tierra. Hitler, por ejemplo, fue violentado en la infancia y ya había perdido a su madre y padre cuando tenía dieciocho años. Y cuatro de sus cinco hermanos no sobrevivieron a la infancia.

¿Son los resultados horribles de la guerra y otros abusos grotescos grandes y pequeños los efectos, las expresiones externas, la representación exterior, los desplazamientos, de nuestro dolor emocional negado y las creencias que asumimos (conscientemente o no) para evitar enfrentar y mitigar la raíces de la violencia en nuestra propia psique? ¿Es nuestra negación del dolor emocional uno de los factores impulsores, si no la causa principal, de la avaricia, la corrupción, la mezquindad cotidiana y la violencia de todo tipo? Y, ¿está esta negación inconscientemente detrás de la falsa, rígida creencia de que siempre “creamos nuestra realidad” y de que “no somos responsables de los sentimientos de otras personas” (creencias que, irónicamente, fomentan el daño a uno mismo, el daño de los demás y el daño al planeta)?

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